Anthropic acaba de publicar los resultados de un estudio sin precedentes: 81.000 entrevistas abiertas en 159 países y 70 idiomas, conducidas por una IA que adaptaba sus preguntas en tiempo real según las respuestas de cada persona.
Es el estudio cualitativo más grande de la historia sobre cómo los seres humanos perciben, usan y temen la inteligencia artificial.
Los datos son densos. Pero hay un número que nos interesa en particular a quienes trabajamos en tecnología en Chile y América Latina: el 67% de los participantes globales tiene una percepción positiva de la IA. En Latinoamérica ese número es considerablemente más alto que en Europa o Norteamérica. Y la región aparece, junto con África y partes de Asia, como la más optimista del mundo.
Eso no es un dato menor. Tiene consecuencias reales para las empresas que hoy están evaluando si adoptar tecnología o esperar.
El estudio distingue algo que en los mercados desarrollados muchas veces se pierde: la diferencia entre ver la IA como una amenaza a lo que ya tienes versus verla como acceso a lo que no tienes.
En mercados como el nuestro, el emprendimiento encabeza las visiones de lo que la gente quiere de la IA en África, América Latina, el Medio Oriente y partes de Asia. La IA se describe como un mecanismo para saltarse barreras de capital: iniciar negocios sin el financiamiento, las contrataciones ni la infraestructura que normalmente se requeriría.
El entusiasmo de la región no viene de la teoría. Viene de experiencias concretas.
El estudio preguntó a cada persona qué quería de la IA si pudiera pedir cualquier cosa. Los resultados rompen el relato simplificado de "todos quieren automatizar su trabajo".
El grupo más grande, el 19%, buscaba excelencia profesional: que la IA maneje tareas rutinarias para poder concentrarse en trabajo estratégico y de mayor valor. Pero cuando el modelo de entrevista preguntó por la motivación detrás de esa productividad, otras prioridades emergieron. No se trataba de trabajar mejor, sino de mejorar la calidad de vida fuera del trabajo.
La automatización de emails se traducía en: quiero llegar a tiempo a buscar a mis hijos al colegio. El ahorro de tiempo en documentación se traducía en: quiero tener más paciencia con mi equipo.
Un trabajador de Colombia lo dijo directamente: "Con IA puedo ser más eficiente en el trabajo... el martes pasado me permitió cocinar con mi madre en vez de terminar tareas."
El estudio identificó cinco tensiones que coexisten dentro de la misma persona al mismo tiempo. No hay optimistas y pesimistas. Hay personas que sienten ambas cosas a la vez.
La más relevante para el mundo empresarial: la confiabilidad fue la preocupación más frecuente, con un 27% de los participantes señalando que la IA no hace lo que se supone que debe hacer. Esta es la única tensión en la que el lado negativo supera al positivo. Ambos lados están profundamente arraigados en la experiencia: el 88% de quienes hablan de los beneficios de la IA para la toma de decisiones y el 79% de quienes hablan de sus perjuicios lo vivieron directamente.
Nadie compra IA para sufrir con alucinaciones. Pero si el sistema no está bien construido, diseñado con datos reales del negocio y con supervisión humana clara, eso es exactamente lo que pasa.
La segunda tensión que nos interpela directamente es la del ahorro de tiempo real versus la productividad ilusoria. El ahorro de tiempo fue el beneficio más citado, con el 50% de los participantes mencionándolo. Pero el 19% advirtió que en realidad terminaban perdiendo tiempo por la carga de verificación, o simplemente porque las expectativas laborales aumentaban al mismo ritmo que la velocidad.
En términos más directos: si implementas IA sin ordenar los procesos primero, aceleras el desorden. No lo resuelves.
En Europa y Norteamérica, las preocupaciones principales son gobernanza, privacidad y vigilancia. En Latinoamérica y África el panorama es diferente.
Las preocupaciones en África, el sur y sudeste de Asia, y América del Sur y Central tienden a ser menos frecuentes en general. Sus preocupaciones se concentran más en la confiabilidad y el empleo, en lugar de preocupaciones más abstractas como la gobernanza, la desinformación, la pérdida de significado o el riesgo existencial.
Eso tiene sentido. Si tu preocupación es concreta y económica, te concentras en lo concreto y económico. No en los problemas filosóficos de la superinteligencia.
Para una empresa B2B en Chile, las preguntas que realmente importan son: ¿funciona? ¿Voy a depender de algo que me falla en el peor momento? ¿Esto me afecta en la dotación?
Esas son exactamente las preguntas que se deben responder antes de firmar cualquier contrato de tecnología.
El estudio de Anthropic no es solo una curiosidad académica. Es un mapa de las expectativas reales de las personas que usan estas herramientas, y de las fricciones que aparecen cuando la implementación falla.
Hay tres conclusiones operativas claras para cualquier empresa en la región que esté evaluando adoptar IA en sus procesos comerciales o de gestión:
Primero, la disposición cultural existe. El mercado latinoamericano no necesita ser convencido de que la IA es relevante. La pregunta ya no es "¿para qué sirve esto?" sino "¿cómo hago que funcione bien para mí?". Eso cambia completamente el tipo de conversación que hay que tener con los equipos.
Segundo, el riesgo real no es no adoptar. Es adoptar sin diseño. El 27% que reporta problemas de confiabilidad no son personas que compraron mal. Son personas que implementaron herramientas sin un diagnóstico previo, sin integración real con sus datos, sin supervisión humana clara. La tecnología funcionó exactamente como fue diseñada. El problema fue que no fue diseñada para ellos.
Tercero, el impacto que importa no siempre es el que aparece en el dashboard. El estudio muestra que los resultados más relevantes para las personas son los que se traducen en tiempo, autonomía y calidad de vida. Si el sistema que implementas no conecta con esos resultados, va a tener resistencia interna sin importar cuánto cueste o cuántos features tenga.
Entre las miles de citas que Anthropic publicó, hay una de un emprendedor chileno que resume bien la oportunidad de la región:
Un trabajador de software de México describe cómo gracias al soporte de la IA ahora puede salir a tiempo del trabajo para buscar a sus hijos al colegio, alimentarlos y jugar con ellos.
No habló de eficiencia operativa. No habló de ROI. Habló de sus hijos.
Los sistemas que diseñamos no son solo herramientas. Son decisiones sobre cómo las personas van a vivir su trabajo. Eso exige más rigor, no menos.
Este post fue elaborado por el equipo de NLACE a partir del estudio "What 81,000 People Want from AI", publicado por Anthropic en marzo de 2026. El estudio completo está disponible en anthropic.com.